Barinas: la verdadera victoria cualitativa y espiritual de la oposición

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Hugo Chávez, su papá y sus hermanos no hicieron algo bueno por Barinas en los últimos 23 años. Solo dejaron muestras de los resultados de su ineficiencia, del amparo de la corrupción y de la soberbia de quienes se creyeron el cuento de que eran miembros de una dinastía escogida por la providencia.

Las promesas no pasaron de palabras huecas o de un pretexto para que unos se llenaran los bolsillos con fondos públicos. Allí están las ruinas del central azucarero Ezequiel Zamora (Caez); la primera piedra de la petroquímica de Puerto Nutria, perdida en un matorral de una hacienda expropiada en ese pueblo limítrofe con Apure; o el Centro Genético Florentino, fundado en 2005 en tierras de lo que antes fue la hacienda La Marqueseña. Todas son instalaciones llevadas a la ruina, con la matanza de los animales, de donde, según dijo Hugo Chávez, iba a salir una raza propia de ganado. Los Chávez, el chavismo y el madurismo solo dejan una estela de más pobreza en Barinas, al igual que en el resto de Venezuela.

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Tal vez lo mejor que hicieron los Chávez por Barinas ocurrió entre el 5 de diciembre de 2021 y el 9 de enero de 2022.

El voto castigo de los Chávez

El 21 de noviembre del año pasado, Freddy Superlano, candidato de la Mesa de la Unidad, derrotó a Argenis Chávez por menos de una centena y media de votos. Pero el Plan República y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) impidieron que se reconociera la victoria del miembro del directorio nacional de Voluntad Popular. La elección debía repetirse porque Superlano estaba inhabilitado sin que nadie lo supiera.

El 5 de diciembre, la dirección nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela decidió nombrar al exyerno de Hugo Chávez, el hasta entonces ministro de Industria y Producción, Jorge Arreaza, como el candidato del oficialismo, sin considerar la posibilidad de que Argenis Chávez o cualquier otro miembro de la familia pudiera asumir el reto de un nuevo proceso comicial. Esta fue una afrenta que no tuvo perdón, pese a la presencia de María Gabriela y Rosinés Chávez junto al candidato Arreaza, quien también fue en busca de la bendición de doña Elena de Chávez, la madre del exgobernador, su hijo consentido.

Días previos al 9 de enero, corría en Barinas el rumor de que la orden de Argenis Chávez a sus seguidores era no votar o votar en contra del candidato impuesto desde Caracas, quien se dedicó a criticar la gestión de 23 años de los Chávez. El gobernador saliente declaró el día de la elección que estuvo ausente de la campaña “por instrucciones del Comando Nacional” del Psuv. Además, llamó al pueblo de Barinas “a votar por el candidato de su preferencia”. Sin duda, una estocada.

La noche del 9 de enero, la diferencia de una centena y media de votos del 21 de noviembre 2021, entre  Freddy Superlano y Argenis Chávez, se convirtió, en 49 días, en una ventaja de 42.000 sufragios a favor del nuevo gobernador, Sergio Garrido, candidato de la Mesa de la Unidad.

Una experiencia espiritual

Para Arreaza lo ocurrido ese día fue “una victoria cualitativa y espiritual”. Pero eso se asemeja más al mensaje que, con la autoridad que le confiere el voto popular, debería propagar Garrido, quien reconoció que esta fue una elección ganada por el pueblo de Barinas.

Ese pueblo estuvo sometido a los abusos del oficialismo desde el 5 de diciembre. Primero al nombrar como candidato a un funcionario sin gestión y sin relación con ese estado, y por si fuera poco, carente de carisma. Además, desde el primer momento se vio el abuso de recursos públicos para favorecer la candidatura de Arreza. Aparecieron los productos Haier pagados y nunca entregados, las bolsas de Clap, el gas, la gasolina y la electricidad. Todo un gasto de dimensiones considerables para las menguadas cuentas del Estado.

Por todo ello parece absurdo pensar que la pérdida de Barinas fue el sacrificio de Maduro para devolverle la credibilidad al sistema electoral y además dar un golpe a los Chávez, pues nadie gasta tantos recursos, así no sean propios, para luego perder y cantar “una victoria cualitativa y espiritual” en un lugar simbólico para el chavismo. Menos Maduro, tan desconectado de las bases del partido, al punto de que ya no es el favorito en las encuestas para ser el abanderado presidencial oficialista en 2024.

El final del principio

En noviembre de 1942, Winston Churchill, primer ministro del Reino Unido, expresó en un discurso en Londres, para referirse a la victoria de los aliados en África: “Este no es es el final, no es ni siquiera el principio del final. Puede ser, más bien, el final del principio”. Parafraseando a Churchill, este 9 de enero, como el 6 de diciembre de 2015, puede ser el final del principio de la hegemonía oficialista. Pero eso depende de que no se comentan los mismos errores del pasado.

Después de la victoria de la Mesa de la Unidad Democrática en la Asamblea Nacional, en 2016 los líderes de la oposición perdieron la oportunidad de ganar la mayoría de las gobernaciones en diciembre de ese año, pues un sector se enfocó en una salida, la convocatoria a un referendo revocatorio.

Entonces el Consejo Nacional Electoral (CNE), presidido por Tibisay Lucena, dejó a la oposición avanzar hasta la recolección de las firmas, proceso que fue suspendido por decisiones judiciales. Cuando los líderes de la oposición se acordaron de los comicios regionales, el ente electoral les dijo: “Ya no hay tiempo”.

Precisamente, en este momento se plantea nuevamente la posibilidad de convocar a un referendo revocatorio para este año. Nicmer Evans, unos de sus impulsores, asegura que se cuentan con los votos para ganarlo. A la vuelta de la esquina, en 2024, está la elección presidencial, que puede ser el proceso definitivo para saber si llegamos al punto final de esta era del chavismo. Pero se necesita una estrategia unitaria para la concreción de una verdadera victoria cualitativa y espiritual de la oposición.


CÉSAR BATIZ | @CBatiz

Periodista egresado de la Universidad del Zulia, especializado en Periodismo de Investigación. Director de El Pitazo.

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